«Si el partido es a las 9:30, tengo que salir de casa con mi niño a las 9:00. Entonces, tengo que estar desayunando y bañando a las 8:00, lo que significa que debo salir del gym a las 7:30, llegar a las 7:00 y salir de casa a las 6:30», pensaba mientras me lavaba la cara con agua fría para despertarme en la mañana del sábado.
¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Qué hago levantándome a las 6:00 de la mañana en sábado? ¡Qué delicia sería quedarme en mi cama calentita y levantarme más tarde!
En los últimos años, se ha estudiado mucho la tendencia de buscar gratificación constante y evitar el dolor. La Dra. Marian Rojas lo explica muy bien en su libro «Recupera tu mente, reconquista tu vida«. El placer y el dolor están en constante tira y afloja. El cuerpo tiende a autoregularse: cada vez que el placer tira de la cuerda, el dolor la estira de vuelta. Y cuanto más placer generamos, más sensibles nos volvemos al dolor.
El placer es importante; la dopamina es vital para la supervivencia. Pero, en niveles inadecuados, provoca infelicidad y una sensación de vacío.
Este concepto me voló la cabeza, porque significa que necesitamos el dolor. El dolor nos ayuda a recuperar el equilibrio.
Michael Easter en «The Confort Crisis» menciona investigaciones que demuestran que estar en un estado de incomodidad protege contra problemas físicos y mentales, como la obesidad, enfermedades del corazón, cáncer, diabetes, depresión y ansiedad.
Easter nos impulsa a reintroducir la incomodidad deliberada en nuestras vidas como una forma de desarrollar resiliencia, mejorar la fortaleza mental y redescubrir un sentido más profundo de propósito.
Pero, ¿qué es la incomodidad? ¿No es suficiente el ritmo acelerado con el que vivimos para ser incómodo?
El dolor que nos ayuda es el que nos saca de las comodidades de la vida moderna. Cosas como el ayuno, el esfuerzo físico y pasar tiempo en la naturaleza.
Easter explica que los seres humanos prácticamente vivimos en estado de cautiverio. Así como los animales cautivos desarrollan problemas, como la aleta doblada de las ballenas por falta de movimiento, lo mismo sucede con los humanos.
No es fácil hacer tiempo para ejercitarse. No es fácil levantarse temprano cuando hace frío. No es fácil soportar una subida empinada en una carrera. Pero el cuerpo lo necesita para recuperar su equilibrio.
De vuelta al gym, estoy completamente sola; nadie ha llegado a esta hora. Tomo las ligas, las mancuernas y una colchoneta para mi rutina de hoy. Poco a poco, mis músculos se van calentando. Cada repetición duele más que la anterior. Al final, me estiro y me miro en el espejo. Me siento fuerte, feliz y satisfecha. Ahora, es el placer quien tira de la cuerda.


Deja un comentario